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La Coctelera

Hikikomori

Detalles de ayer

27 Mayo 2006

Identidad

1.
La cola es muy larga. Hay mujeres mayores, hombres jóvenes, personas de otros países. La comisaría es gris. Tiene las paredes amarillas y el suelo machacado de cuarteaduras. Al fondo veo el mostrador, donde dos mujeres toman documentos y manchan de tinta dedos índices. A la derecha hay una mesita, con papel higiénico y una botella de plástico blanco. Mujeres mayores, hombres jóvenes, personas de otros países, se van limpiando el dedo junto a la mesita. Todo es muy lento.
Un policía se acerca a la cola. Lleva un extraño artilugio. Le observo. De uno en uno, va pidiendo a los ciudadanos su foto de carnet. Con el artilugio, la recorta perfectamente. Sólo tiene que meter las fotos por una ranura y apretar el mango. Luego devuelve la cara fotografiada a su dueño, mientras que el marco de la foto cae al suelo. El policía avanza hacia mí, recortando caras, llenando el piso de todo lo que no es la cara, en la foto. Toma las mías y hace lo mismo, sin mirarme. Veo la excrecencia fotográfica revolotear hasta el suelo, donde se amontona con ya decenas de fotos sin rostro, sin identidad. Todas las instantáneas, tomadas en un photomatón, tienen en su centro el mismo hueco, vagamente rectangular, con las esquinas redondeadas. Sólo se ven los jerseys, camisetas o camisas del fotografiado. Y el fondo del photomatón, blanco, que rodea ese hueco vagamente rectangular, de esquinas pulidas, dentro del cual no hay ya ninguna cara, sino sólo el suelo de una comisaría amarilla, lleno de cuarteaduras.

2.
Veinticinco días después, vuelvo a la comisaría. Llevo mi justificante, un papel alargado, muy soso, con mi nombre. El mostrador de recogida se encuentra enfrente del mostrador de trámite. Hay un policía detrás. Habla con dos chicas rumanas. Les remite a una comisaría que dice que está en Móstoles. Las rumanas no saben dónde está Móstoles. El policía les dice sin más que se vayan a Móstoles, que aquí no es. Las rumanas abandonan la comisaría apesadumbradas.
Pongo mi justificante sobre el mostrador. “Venía a recoger mi DNI”, digo. El policía no levanta la vista de sus manos. Toma mi justificante y me pide el DNI antiguo. Le digo que no lo tengo. Enseguida me devuelve el justificante y me dice: “Entonces no se lo puede llevar”. Y sigue con sus cosas. He visto nazis bastante más simpáticos, pienso.
“Perdone. No sabía que había que traer el antiguo.”
“...”
“Perdone. ¿Podría ser usted un poquito más amable?” Tengo un problema: vengo de un país donde todo el mundo es amable, encantador.
“Sin el antiguo no se lo podemos dar. A no ser que quiera presentar una denuncia.”
“¿Y por qué no ponen en un cartel que hay que traer el antiguo?” No sé dónde tengo el antiguo DNI. No recuerdo ni cómo es.
“...”
Me marcho. Salgo de la comisaría haciendo batir las puertas como dos peleles. Insulto a Dios bajo la sombra de un árbol. Tiro por los aires el justificante y me alejo cinco metros de él. Vuelvo la vista, y sigue en el suelo. Me acerco y le doy varias patadas. Luego me cabreo más. Lo cojo y entro en la comisaría haciendo batir las puertas como dos peleles.
El policía se sorprende por mi irrupción. Estoy seguro de que ha pensado en desenfundar y pegarme un tiro.
“!No tengo el DNI antiguo!”, grito, “!Lo he perdido! No lo tengo y no lo voy a encontrar.”
El policía, un señor bajo, gordo, feo, iletrado, fascistón, me dice:
“No te muevas de aquí.”
Me deja a solas frente al mostrador y, al rato, viene un funcionario, obeso, claramente paidofílico.
“¿Le están atendiendo?”, me dice.
“Mal, pero me están atendiendo.”
“¿Qué quería?”
“Mi DNI. Este es el resguardo. No tengo el antiguo.”
“A ver.”
El policía vuelve: seguramente le ha puesto las balas a la pistola.
“Tómale la filiación”, le dice al funcionario fru-frú, “tómale la filiación: que se haga responsable de su DNI.”
El funcionario me saca un libro y me hace firmar en él. Luego me da mi nuevo DNI. Le doy las gracias y me voy.
En el documento no dice: Bienvenido a Madrid.
Aquí no hay amor.

servido por hikikomori 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Leni

Leni dijo

No busques amor en una comisaría, ni aquí ni en Lima.

27 Mayo 2006 | 09:36 AM

G

G dijo

Wellcome to the dollhouse!

28 Mayo 2006 | 02:49 PM

Emilio

Emilio dijo

Mira a mi en la comisaría de Móstoles me dieron entre varios agentes todo el amor q tienen, creeme, es mejor no pisar esos sitios.....

Bienvenido, por lo demás....suerte, escribes muy bien.

1 Julio 2006 | 11:49 AM

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