1.
La Casa Encendida es un edificio portentoso con tolditos en las ventanas. Recuerdo que una vez, hace muchos años, acudí a esta obra social inmobiliaria y me encontré un billete de cinco mil pesetas en la calle. El dinero estaba aprisionado en el asfalto de la vía pública, justo entre dos líneas blancas del paso de peatones. Sobre esas cinco mil pesetas había pasado todo el tráfico de Madrid, y el billete estaba irreconocible en su valía numismática.
Me pasé toda la tarde limpiando de rodadas el billete con papel higiénico. Luego fui a la FNAC y compré cinco libros de bolsillo. La cajera miró mucho el billete antes de aceptarlo. El dinero estaba sucio todavía.
Ahora, de nuevo en La Casa Encendida (título de un poemario de Luis Rosales), disfruto de instalaciones artísticas de mucha enjundia. Nada más entrar, en las paredes, hay posters contra la violencia en las escuelas. Se trata de un concurso para ver quién dice mejor que la violencia en las aulas está muy mal. Los carteles son muy chulos y originales y, como sólo uno de los artistas va a ganar, los otros se sentirán muy tristes por este nuevo fracaso y quién sabe si no acabarán pegando a todos los niños que se encuentren por la calle. El arte imita a la vida, sobre todo cuando concursas.
En el patio de La Casa Encendida hay otra instalación. La cosa va de árboles y espejos. Los árboles están ahí y los espejos reflejan los árboles que, entonces, también están ahí, en los espejos, pero no tanto como ahí, en el medio de la instalación. Es una reflexión compleja sobre identidad y emasculación. También es un homenaje al director de cine iraní Abbas Kiarostami y al director de cine español Víctor Erice.
Precisamente obra de Kiarostami es otra instalación anexa al patio del inmueble. En un cuarto oscuro, proyectada sobre el suelo, vemos una muestra del videoarte iraní contemporáneo. Se trata de un plano cenital todo seguido de una cama donde duerme una pareja iraní comtemporánea. Los dos son guapos y morenos. Duermen y realmente no hacen otra cosa que dormir. Tienen una botella de agua en la cabecera de la cama y dos vasos, parecen dos vasos, en uno de los costados. Los durmientes se agitan de vez en cuando, cambian posturas y se arropan o desarropan. Creo que sé lo que tratas de decirme, Abbas. Pero me quedaría más claro si el joven despertara a su novia metiéndole la polla en la boca.
El caso es que yo he venido al show de los djs que se celebra en la azotea de La Casa. Compro la entrada, por un euro, en el mostrador principal, donde hay tres chicas muy guapas sentadas en taburetes y tecleando en unos ordenadores. El mostrador está atiborrado de programas de actividades y folletos de cursos y convocatorias variopintas, todo editado en un verde corporativo, que al parecer es el color en el que arden las casas en Madrid.
La concurrencia es numerosa pero monótona. Todos llevan gafas de sol tipo George Michael en el videoclip de Faith. Supongo que el modelo de gafas de sol tendrá un nombre y una descripción más atinados, pero yo me conformo con reconocer que se parecen a las gafas de sol de George Michael en “Faith”. La mayoría de las chicas, además, parecen un versión barragana de la mujer de Beckham. Las gafas oscuras les ocultan media cara y van muy bronceadas. En general son tan sexys como una monja tomando rayos uva.
Los chicos. Son guapos. Muchos llevan el pelo largo y muchos llegan el pelo rapado. Muchos, también, visten camisetas sin mangas y collares de cuentas muy ajustados y pantalones vaqueros piratas. Los que calzan zapatillas Vans protegen sus pies con calcetines que no llegan mucho más allá de las zapatillas Vans. Muchos, en definitiva, no tienen nada que ver conmigo.
Hay dos guardias jurado a los pies de la escalera que lleva al terrado. Me emociona verlos ahí, con sus walkie talkies y sus uniformes color crema, calvos, un poco atónitos ante la moderna manada, pero detentando el poder de dejar a toda esa gente subir al concierto.
Una chica muy sexy se sitúa junto a los guardias. Tiene el pelo negro y largo y viste un top y un pantalón color granate, que deja a la vista sus ingles, barnizadas por el sol, muy sugerentes. La chica sexy se dedica a cortar los tickets de todos los que asistimos al show.
-¿Se puede entrar y salir? –pregunta un chico.
2.
La azotea no es muy grande. Tiene algunos arbolitos plantados y hay una escuálida manguera olvidada junto a un alcorque. Los asistentes van ocupando los sitios con sombra. Algunos piden ya sus bebidas en una barra de apenas metro y medio de ancho. Sirven cervezas en vasos de plástico y tintos de verano y zumitos. Los clientes ponen los vasos de plástico en el suelo y empiezan a fumar y a drogarse. En las junturas de los listones de madera del suelo, se acumulan numerosas colillas de otros conciertos y otras actividades.
El dj es bastante alto y tiene que agacharse antiestéticamente para hacer girar los platos. Lleva gafas de sol y una especie de lesbiana de pelo blanco hace como que le ayuda. Lee un revista, la lesbiana. La música que suena es parecida a esto: to, to, ta, ta, uuuuu, to, to, ta, ta, uuuuuu.
Todo el mundo está sentado y habla y señala al cielo con la mano con la que sujeta la bebida.
To, to, ta, ta, uuuuuu, to, to, ta, ta, uuuuu.
Yo me he puesto a leer un libro.
To, to, ta, ta, etcétera, uuuuu, etcétera, ta, ta.
Un tipo con un polo a rombos verdes y azules, acompañado de una mujer enfundada en un vestido de tela vaquera, se acerca al dj y le saluda.
To, to...
Al otro lado de la azotea, una chica rubia, vestida de blanco, baila con pocas ganas.
uuuuuu
El tipo de mi izquierda es realmente guapo.
Ta, ta...
Un joven con rastas, en el acto de encender su porro, se preocupa, justo porque acabo de cerrarlo, de comprobar qué estoy leyendo.
To, to, En jaque, uuuuu, de Berta Marsé, uuuuu, sí, ta, ta, la hija de, to, to, Juan, uuuuu, Marsé, uuuuuu.
Miro mi reloj y son las nueve de la noche y ya asistí a la mitad del concierto y me voy.
Salgo con cuidado de no pisarle los pies al resto de los seres humanos que se encuentran en la azotea. A la gente, por principio, no le gusta nada que le pisen los pies.
En la escalera siguen los dos guardias jurado, sigue la chica sexy; también hay algunos despistados que no sabían que había que comprar entrada, o que no esperaban que el espectáculo tuviera tanto éxito. Paso delante de ellos. Cuando estoy a punto de bajar un nuevo tramo de escalera, me vuelvo, samaritano, hacia una chica solitaria y risueña.
-¿No tienes entrada?
-No.
-Te dejo la mía. Creo que sí puedes entrar.
-¡Qué bien!
Miro en mi cartera, pero no está. Luego me meto la mano en el bolsillo trasero del pantalón.
-Ahí tienes.
-Muchas gracias.
Me alejo. Yo estaba dentro solo y ella estaba fuera sola. Ahora yo estoy fuera solo y ella está dentro sola.
Yo la invité a entrar.
yo también he ido solo a un concierto en La Casa Encendida, y tampoco me gustó
Yo a esas gafas las llamo Cobretti, que es como se llamaba el personaje de Sylvester (Stallone) en su film Cobra. O de jeque árabe.
Hikikomori cayendo en el lado oscuro del buenrrollismo lavapiesero. Danger. Danger.
I love Lavapies!
So do I.
Ahora, además, con verbenas y fritanga.
justo voy a tratar de evitarlo.
;-]
DIOS CORTA TODO PRINCIPADO DE MALDAD
EL VIENE A TRAER VIDA ; Y VIDA EN ABUNDANCIA
TODO DEMONIO de MUERTE
SE VA EN EL NOMBRE DE JESUS
no kiero vivir mi vida ha sido un infierno y lo k me keda aun es peor no puedo vivir con los recuerdo del pasado k me hacen daño he sido engañada mucho tiempo y ademas dos años de mi vida con depresion y es una aaNSIEDAD POR SALIR DE ESTO DE ACABAR CON ESTO LO MAlo esk tengo dos niñas una 5 y 14 la cual tambien kizo matarze por su padre asi k no kiero luchar mas no se nada no tengo estudio ni trabajo