Ladra un perro en lo alto de las escaleras, desde el último descansillo, el del cuarto piso. Sus ladridos, góticos, concisos, bajan a nuestro encuentro en oleadas sucesivas, persistentes, golpeando esquinas, distorsionándose en oquedades. Subimos las escaleras siguiendo un rastro sonoro, siguiendo a un perro lazarillo que nos guía sin verle, ladrido a ladrido, escalón a escalón, fantasma furioso. Dejamos a nuestro paso ladridos extintos, pisadas calientes, la barandilla nos lee la palma de la mano sin darnos cuenta. Hay poca luz y la voz del perro estalla y florece, se ensancha, nos dice que subamos y le tiremos la pelota, nos dice que subamos y seamos su pelota, que subamos. Hay un ladrido en cada escalón, en cada rellano la promesa de un perro, y finalmente un perro en el último rellano, ladrando todavía, con una puerta entornada a su espalda. Para cruzarla sólo hay que decirle al centinela:
-Tú no eres el centinela de la casa, tú tienes nombre, tú eres esta casa.
El perro deja de ladrar y la casa se abre.
Now we're talking, Kiko (perdone pero he dado en llamarle a usted Kiko). Acojonante post. Sé que son sosos los halagos sin explicación pero cosas como tú eres esta casa caen un poco del lado de allá de cualquier explicación. Llámese todo esto literatura. Y además gratis. Gracias.
hiKIKOmori; lo pillo.
"nuestro en encuentro"
...para que luego no diga usted que sus lectores no prestamos atención. Un saludo.
Ok.
JR Jiménez y Neruda.
Y Bécquer.
no me jodas: Becquer!!
Sí, Bécquer. La frase de los perros góticos que se distorsionan en oquedades me ha recordado a Bécquer. Y lo de los fantasmas...