Dicen que Robert Mitchum odiaba Madrid. Vino a la capital de España siete veces. Dos, para rodar una película; otras dos, para ver cómo su novia rodaba una película (estuvo liado con Barbara Fleischman y, posteriormente, con Rosa Sánchez; ambas se suicidaron); las otras tres veces que Robert Mitchum vino a Madrid nadie sabe a qué vino.
Quizá a odiar Madrid.
Decía Mitchum que en Madrid no había perros bonitos. Los gatos, decía Mitchum, sí eran lindos en Madrid; y los loros también; hasta las moscas le parecían al mítico actor a la altura de las que revoteaban sobre sus botas en Conneticut. Pero los perros no; los perros de Madrid, opinaba éste, no eran bonitos.
Robert Mitchum tenía cierta fijación con los canes. Al parecer, toda su vida estuvo rodeado de perros y, realmente, quería más a los perros que a las personas, hasta el punto de pedirle a su tío Quentin que matara a un perro el día que murió su madre para así poder llorarla con cierto dramatismo en el funeral. Mitchum, a su madre, quererla no la quería mucho. Pero la lloró como a una perra.
Mi relación personal con Robert Mitchum, que es a lo que voy, es dura. Nunca me acuerdo de su nombre. Si estoy escribiendo Robert Mitchum en este texto más veces de las recomendadas por la Real Academia de la Lengua Española en su Gramática, es porque nunca me acuerdo de su nombre. Por eso, para acordarme de su nombre y mantener alto el listón de mi cinefilia, he decidido, ayer lo decidí, pronunciar Robert Mitchum cada vez que vea a un perro en Madrid.
Robert Mitchum, ese perro.
Robert Mitchum, aquel perro.
Robert Mitchum, este perro.
Todos los perros de Madrid, para este que escribe, se llaman Robert Mitchun. Voy a hacer unos collares con su nombre (Robert Mitchum) e ir por las calles principales colgándoselos del cuello a los perros. Yo tenía un amigo cuyo trabajo era pasear a los perros de los honorables ciudadanos del barrio de Salamanca. Le voy a llamar ahora mismo, jo.
Robert Mitchum, eso decían (pero, ay, dicen tantas cosas), odiaba Madrid porque no había perros bonitos. Yo, en cambio, amo Madrid porque todos los perros se llaman Robert Mitchum.
Por fin alguien distinto
decir robert mitchum cada vez que ves un perro es como decir 'octaviadecadiz' cada vez que te pasa alguna cosa, jejeje
Pues yo seré tonta, pero en mi opinión todos los perros son bonitos.
Un besote
tengo un niki rojo con la cara de Robert Mitchum. Lleva un sombrero y los nudillos tatuados como en La Noche del Cazador. "chiildren, chiildreeeen..."
BUSCO DESDE HACE AÑOS en el nombre de la rosa" de Robert Mitchum y nadie me la puede proporcionar.
¿PODRIAS TU??
SALUDOS
JOSE MARIA
el que está muy perro perrísimo, eres tú, amor
Yo no vivo en Madrid, no sé nada de sus perros, vivo un poco más al norte, tan al norte que casi te sales del país (y te sales, de hecho estás fuera), conozco los perros norteños, conozco sobretodo sus costumbres cagatorias, porque entre los miles de trabajos que he hecho en esta vida perra, me ha tocado jardinear los jardines, y allí cada dos por tres te das de morros con una auténtica mierda de perro, más o menos seca, depende del tiempo de maceración. Y lo que más me toca la fibra son los dueños de los putos perros cagones que te dicen, si mi perro es muy educado, sólo caga en el jardín (la gente es que es hostia), y tú, que ya estás masticando la décima mierda del día (con la hierba sabe mejor) te cagas a su vez en la madre que parió al perro, a la dueña del perro, y miras para otro lado para no cepillarte al perro con la desbrozadora.
Me encantan los perros.
Por cierto, quién es Robert Mitchum?