Madrid va de la mano en general. Yo lo he visto. Por la Gran vía, es un ejemplo, lo he visto. Las parejas se dan la mano y se van de escaparates. Entran en las tiendas de la mano, compran de la mano, pagan y salen de la mano. Luego hay que tomar un refresco. En Starbucks. Entran en Starbucks de la mano y piden sus bebidas sin soltarse. Suben las escaleras pegaditos, se sientan, cada uno toma su vaso con la mano libre y beben al unísono, inseparables por debajo de la mesa.
Yo opino favorablemente de este comportamiento. Comportarse pegadizo está bien. Comportarse pornográfico está mejor; pero si nos damos la mano por las calles arriba y por las calles abajo, tiene uno la oportunidad de salir en el telediario, en un reportaje sobre el amor en España, o el sexo en España, o las hipotecas, que son la cosa que más une las manos de la gente.
Sin embargo, me quejo también de tanta mano unida. En la biblioteca, lugar que frecuento de tal modo que, prácticamente, deberían signaturizarme (N HIK A.) entran muchas parejas y, tras cruzar el control pi-pi, ¡no se sueltan! Siguen caminando por la biblioteca con las manos enlazadas. No me gusta eso. ¿Por qué? A ver, por qué, por qué... Yo creo que no es lugar la biblioteca para pasear con tu amorcito, sí. Tampoco creo que a Diderot, Sade y todos esos escritores dieciochescos que ando leyendo este agosto les importe mucho saber que sois pareja. Finalmente, me jode, sin más. Me jode ver parejas de la mano por la biblioteca, como me jode lo mismo ver a esa gente que se va al retrete con algo para leer, o que come en los autobuses, o que habla de trabajo después del trabajo. Quiero decir: vale, por favor.
Luego quedo con parejas. Las parejas están ahí y yo quedo con ellas. Normalmente yo llego antes y espero. La pareja, claro, acude al punto de encuentro con las manos unidas. Nos saludamos y emprendemos la marcha. Mientras caminamos y hablamos, ellos no se sueltan. Me jode. Si se soltaran, por la calle veríanse pasar a tres personas departiendo amigablemente. Como no se sueltan, por la calle se ve pasar a una pareja nuclear y a un electrón despistado. Me dan ganas de dejarles a solas con sus manos. O de pintar un cartel y colgárselo al cuello de la chica. Un cartel que diga: la chica es del feo.
Lo cierto es que me parece paleto esto de las manos. Y estoy convencido de que quien da la mano es él, que si por ella fuera, andarían libres por la ciudad, sin tanta cadena ósea. Creerán los novios que si no cogen a su novias por la mano, nadie se dará cuenta de que son suyas, que es realmente lo que quieren: apartar a sus amigas íntimas del punto de mira masculino. Sin embargo, si realmente fueran suyas, si realmente se pertenecieran, no haría falta darse la mano en todas partes y en todo momento, sino que todo el mundo, en todas partes y en todo momento e incluso cuando la pareja está separada y hasta en continentes distintos y hasta con otro, sabría que esas dos personas se corresponden y se aman, se tocan.
muy buen post, pienso igual...
saludos!
Señor Hikiko, me deja muda tan de seguido...
"Calladita estás más guapa"...
Es broma.
quizá si no se diesen la mano alguno de ellos tendría la tentación de echar a correr y no parar hasta cambiar de continente...
además con el calor, sudando; y en la biblioteca, ¿leen el mismo libro a tres manos, pasando uno la página por los dos?
PD: me gusta el blog; bicos
A todas las chicas guapas, modernas y de buen gusto les encanta Hikikomori.