MIRADA 1
Estoy en la sexta planta de la biblioteca, mirando los deuvedés. En esta planta hay también discos compactos y libros sobre cine, toros, deporte y espectáculos en general. Los puestos de lectura se dividen entre las mesas rectangulares (seis, con cuatro sillas cada una), las redondas (dos, con cuatro sillas cada una) y las mesitas (tres, con tres sillas de plástico -dos azules y una amarilla- cada una).
En una de las mesas redondas hay cuatro chicas sudamericanas. Están estudiando apuntes. La otra mesa redonda está vacía. La ocupo y empiezo a leer. Levanto la vista de vez en cuando. Veo a las cuatro chicas de la mesa redonda vecina. Una de ellas me llama la atención. Es pequeña y delgada, tiene muy buen tipo. Sus evoluciones sobre la silla de madera son muy interesantes. Lleva vaqueros ceñidos y se le ve el elástico de las bragas todo el tiempo. A veces arquea la espalda, momento en el que su felino fisico consuma sus virtudes.
Me paso un buen rato echándole miradas. Tengo la impresión de que sabe que la observo.
Al cabo de una hora, abandono la biblioteca.
MIRADA 2
Estoy en la planta baja de la biblioteca. Paseo por la sección de novelas. Me dejo llevar por el color de los libros para extraer uno u otro y ver de qué van. Me aterra la cantidad de buenos libros que desconozco, la cantidad de libros malísimos que están en la décima edición, la cantidad de autores desconocidos que un día publicaron y de los que nunca más se supo.
Mi mente me recuerda uno de esos libros imprescindibles que aún no leí: “El adversario”, de Emanuelle Carrere. Acudo al ordenador para saber en qué biblioteca puedo conseguirme un ejemplar, ya que aquí no hay.
Sentado en el taburete, la veo. Es una chica sudamericana, que vaga por las estanterías de autores cuyo apellido empieza por I, J, K, L, M o N. Su cara me suena. Vuelve la cabeza y me ve mirarla, de modo que dirijo mi vista a la pantalla del ordenador.
Un segundo después estoy de nuevo observándola. Creo que es la colombiana que lleva el cíber al que voy a veces. No estoy seguro. Ella vuelve a girar la cabeza y a mirarme.
Acabo con mi consulta y subo a la sexta planta.
MIRADA 3
Estoy buscando “Sin city” en la estantería de los deuvedés. No está. Encuentro un deuvedé primorosamente editado que dice “Obra íntegra de Jean Vigo”. Me parece un producto lo suficientemente snob como para llevármelo prestado. Estoy un poco preocupado por la imagen que deben de tener de mí las bibliotecarias. El otro día me saqué “Ética y estética de la perversión”. Ya vale, A.
Decido ocupar una de las mesas bajas. Me siento en la silla amarilla. Las mesas bajan molan porque están junto a los ventanales y se ve a la gente entrar y salir de la biblioteca y los tejados del barrio y, a lo lejos, eso que llaman Madrid en los telediarios. Desde la escalera de la planta sexta, además, se ven los edificios más sintomatológicos de la capital de España: la Torre Picasso y los bancos y todo eso tan financiero. Es una visión, ésa de los rascacielos, que me infunde siempre pavor.
El caso es que sigo leyendo al Marqués de Sade, “Filosofía en el tocador”. Por el rabillo del ojo veo llegar a una chica. Miro y comprendo que la chica que vi abajo, cuya cara me sonaba, es la chica que observé ayer en la mesa redonda. De hecho, vuelve a ocupar la mesa redonda junto a sus tres fieles amigas y conmilitonas de estudio.
Sigo leyendo a Sade.
De pronto, la joven se levanta y viene hacia las mesas pequeñas. Ocupa exactamente la mesa de enfrente, y exactamente la silla de enfrente, por lo que, a pesar de la rima y la rimbombancia, estamos frente a frente. Veo que ella lee a Jorge Luis Borges en una de esas ediciones del periódico El Mundo. Me da corte que me vea leer a Sade, de modo que durante unos minutos leo con el libro pegado al tablero de la mesa.
Me canso y alzo el libro y, de cuando en cuando, mi mirada salta por encima de él para caer sobre la lectora borgeana. Está muy seria y disgustada (no me extraña con semejantes lecturas), pero también muy sexy: las piernas cruzadas, las caderas visiblemente desprotegidas, etcétera.
El esquema de esta situación es como sigue:
1)yo quiero mirarla.
2)ella quiere mirarme
3)los dos queremos ver al otro mirarnos
4)ninguno de los dos quiere que el otro le vea mirarle
Decido mirar a sus amigas, para ver si su mirada sobre ella me indica cierta complicidad femenina, complicidad que puede ser:
1) “mira qué buscona, en lugar de estudiar”
2) “parece que le gusta ese chico”
3) “¿no es un poco mayor para ti, putitona?
4) “qué suerte tiene, tan delgada: se los lleva a todos”
Sigo leyendo y no puedo dejar de sonreír, porque toda esta papilla pre-adolescente se mezcla con párrafos de Sade como éste: “Bien, querida, ¿estás contenta con tu alumna?... ¿Soy bastante puta ahora? ... Me habéis puesto en un estado, en una excitación... ¡Oh, sí, juro que, en el estado de embriaguez en el que me encuentro, si fuera preciso iría a que me follaran en medio de la calle!”
MIRADA 4
Será la vencida, sin duda.
Puro terrorismo amoroso.
Un amenazante: sé dónde lees.
Dinos quien eres! creo saber cual es tu biblio
besos
Ana
Tú y tu influjo sobre las sudamericanas... Cuando mi hermana se leyó 'filosofía en el tocador' (perdón, cuando intentó leerselo) lo puso en una bolsa para tirar con unos periódicos (si el alzacuellos fuese femenino...). Lo rescaté y me lo leí en el cuarto aunque, claro... por entonces no sabía muy bien cómo visualizar lo que estaba leyendo ni el significado de tantas otras cosas.
Tampoco es un libro para acalorarse, ¡lo mismo hacía que ella mirara! jaja
yo me compré ese pack supercompleto de jean vigo en la fnac. lo cual es aún más snob y peor.
pero l´atalante es una preciosidad de película.
Ojalá todos los terrorismos fuesen así...pero no hagais ruido, que algunos dicen que van a las bibliotecas a estudiar y pueden ser muy estrictos (o envidiosos)
"Tú y tu influjo sobre las sudamericanas"
¿?¿?¿?¿?¿?
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"Cero en conducta" también es muy bonita; sobre todo porque dura 42 minutos.
Hijo es que se pasean muchas sudamericanas por tus post... y todas miran de alguna forma.
¿?¿?¿?¿?¿?
en fin... obviémosme
El adversario la puedes conseguir en Amazon USA por $0.08 (usada, claro)