En mi agenda de la FNAC dice que hoy es el cumpleaños de mi abuela. Se llama María y alcanza este martes los 97.000 años de edad. Mi abuela ha visto a Dios cuando aún no alzaba ni esto del suelo. Mi abuela inventó la agujas de hacer punto pero se le adelantaron en la oficina de patentes. Mi abuela tuvo medio millón de hijos, algunos del color de las cucharas. A sus 97.000 años, mi abuela está como una rosa: ve la tele, lee los titulares del periódico y recibe puntualmente la publicación “El santo”. Mi abuela cree en Dios porque tiene la suerte de haberle cambiado los pañales.
Mi abuela vive ahora en Madrid. Hace tiempo que no la veo. Apenas sale de su casa y, cuando lo hace, es siempre para ir a la iglesia, una muy fea que hay por Princesa. Allí habla con Dios de las rotaciones del planeta y del forro de los reclinatorios. A veces mi abuela le reza a Dios y otras es Dios el que le reza a mi abuela.
Otro cosa que tengo que decir de mi abuela es que está a la última. No tiene i-pod, vale, pero es sólo porque la música que a ella le mola no está en formato cedé: si no, anda que no iba a tener i-pod mi abuela, ¡el último modelo!
La tecnología que más le gusta a mi abuela es el microondas. El último día que la visité se preparó un vaso de leche ella solita, sin coima colombiana ni nada: ella sola. “Jo, abuela”, le dije yo, “qué dominio de las microondas”. Y ella: “Ya ves. Me entiendo muy bien con este chisme.”
Me entiendo muy bien con este chisme: ¡toma tendencias!
Mi abuela habla un castellano que parece italiano, de tan bonito. Me lamentaré toda mi vida de no haberla visitado con una grabadora para salvar en cintas infinitas las gramáticas de la madre de mi madre: qué primor, qué vocabulario, qué exactitud. Si mi abuela tuviera un blog, jo, sería la hostia.
-Abuela, le regalo un blog para su cumple.
-¿Con microondas?
-Con todo y microondas y “El santo” on-line.
-Veremos.
Mi abuela, otra cosa que hace, es dar besitos. Da muchos besitos a sus nietos y a sus hijos y recibe muchos besitos de sus nietos y de sus hijos. Mi abuela tiene todas las arrugas sembradas de besitos. Cualquier día se muere (afrontémoslo), pero no será por molestar ni por ir al cielo (con lo bien que está en Madrid), sino para hacerse un lifting y seguir besando con la lluvia.