1.
Estoy en un bar llamado La Colonia de San... Se encuentra situado en el barrio de Lavapiés, al final de la calle Salitre. Enfrente del bar hay una iglesia, perfectamente visible desde las ventanas del local. Pasan todo tipo de personas: es un barrio muy animado. Entre ellas, un hombre. No debe de superar los cuarenta años de edad. Empuja con la mano derecha el carricoche donde viaja su bebé. En la otra mano, la izquierda, lleva una botella de cerveza mahou de 1 litro de capacidad, abierta.

2.
Salgo del Metro. Hay un jardín infantil en la acera opuesta, con toboganes, columpios y todos estos artilugios que agitan los cuerpos de los niños. Los infantes son sobre todo negros y mulatos, algún chino. Sus madres les miran mientras juegan o hablan entre ellas o propulsan sus cuerpos en alguno de los toboganes. Veo a una niña balanceándose en un columpio. Es un columpio con el sillín como una cesta: imposible caerse. La niña se mueve de un lado al otro, con la madre muy cerca de ella. No es necesario darle empujones al columpio: de momento, se mueve. La estampa es serena y pacífica. El columpio de al lado también se balancea. En él, la madre, o la propia niña, han puesto a la muñeca.

3.
De camino a mi casa, tras estar en la biblioteca, paso delante de un concesionario de automóviles. Hay, en la acera, un operario limpiando los cristales. Acaba de echar el agua jabonosa y toda la superficie del escaparate parece salpicada de cráteres, como enferma. A continuación, el hombre toma la escobilla y empieza a quitar el jabón. Lo hace de arriba abajo. A medio cristal, veo la silueta de una niña sudamericana. Tiene la nariz casi pegada al escaparate, desde dentro del concesionario. Mira impávida como el jabón va siendo convertido en transparencia, cómo mandoble a mandoble la calle vuelve a ser visible, mientras su madre compra un coche.