1.
Hablo con una joven de “exótico atractivo” y, como siempre, mujer ajena. Estamos sentados en un banco en Plaza de España. Es uno de los bancos situados al fondo del parque, en el camino que lleva al Senado. La conversación es amena, vagamente intimista, fluida.
Pasean los ciudadanos por delante del banco. Son la cinco de la tarde. Luce el sol.
Mientras hablo, la vista se me va, involuntaria y mecánicamente, hacia las personas que pasan ante nosotros.
Veo a una mujer acercarse. Me fijo sólo en su cara. Sigo hablando. Vuelvo a mirarla: ahora está más cerca. Lleva una gorra de tela militar, un gorra muy chula. La reconozco. Sé quién es. Mientras mantengo la conversación con mi acompañante, mi cerebro extrae de los archivos más polvorientos de la memoria un expediente completo: nombre, apellidos, algunos encuentros puntuales y varias anécdotas.
Sigo hablando y escuchando. He dejado de mirar a la mujer que conozco pero mantengo el control de su posición. Giro de nuevo la cabeza, para mirarla, en el momento en el que, instintivamente, sé que la chica se encuentra justo enfrente de mí. Ella gira la cabeza, me mira. Probablemente también me ha localizado antes, me ha reconocido, e, impulsada por los mismos mecanismos psicológicos, ha decidido echarme esa mirada final y franca.
Nos miramos a los ojos. Yo estoy sentado y ella sigue caminando. Yo levanto la mano izquierda, con la palma extendida; ella dice “hola” tibiamente. Luego deja de mirarme y se aleja. Yo bajo la palma de la mano y miro a mi acompañante.
-¿La conoces? –me dice.
-Sí. Más o menos. Hacía diez años que no nos veíamos.
-Pues habla con ella.
-Fuimos compañeros de universidad.
-¿No quieres hablar con ella?
-No sé. Ha estado bien así. Estoy un poco aturdido.
-...
2.
Dos días después, por algún error en mi agenda, pongo la televisión. Hago zapping. En un canal nuevo, un programa que pretende ser muy gracioso, llama mi atención. La presentadora es muy fea. No sé cómo se llama. Da paso a una sección del programa. La sección la conduce la chica que vi en Plaza de España. Esta vez no lleva gorra militar.
3.
Busco su nombre en google. Salen muchas referencias. Una me lleva a una página web de cine. Ha actuado en dos películas. Me fijo en su fecha de nacimiento. Nació el mismo día que yo, el mismo año.
4.
Las conexiones.
q me vas a contar!, las conexiones guian mi vida.
sabes que? creo que es momento de hablarle de ti a mis padres...:-)
No en serio, estoy totalmente enganchada esperando tu próximo encuentro.
INÉS
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Qué bueno! el tono de todos en general...
Lo mejor de este es que seguro os dieron el cambiazo en maternidad... el resto ha sido disimulo.
compra un perro, busca novia, colecciona algo......pero por favor no sigas hundiendote contandonos lo solo que estas!!
escribes cool.