1.
La sidrería Corripio no existe. Ya no. Estaba en la calle Fuencarral. Nunca fui. Ahora no puedo ir porque no existe.
-Estaba allí abajo, pero cerró hace mucho tiempo... –me dice un vecino-. Ahora hay un restaurante que se llama Mostaza
Encuentro el restaurante. La zeta de su nombre me resulta siniestra. Es un local moderno y popy. Da un poco de asco.
Me siento en el banco de la marquesina del autobús a esperar. He llegado pronto y leo y paseé y paso páginas y tomé un café en Starbucks y sigo con “Verdes valles, colinas rojas” y leí “Verdes valles, colinas rojas” con un café Mocca large y ahora me levanto para saber dónde tengo la cita con Miguel Beige, ya que el lugar donde él quería quedar, el Corripio, no existe.
2.
Le veo venir. Lleva un polo azul y un bigote a borbotones. Su chaqueta está un poco arrugada.
-¿Alberto?
-¿Qué tal Miguel?
Nos damos la mano.
El señor Biege se vuelve y se queda mirando (estoy seguro) la zeta de mostaza.
Le pongo la mano en el hombro:
-Te comunico que el Corripio ya no existe.
3.
-Es igual –dice-. Vamos al bar de mi hermana.
El bar de su hermana tiene nombre de dibujos animados y mujeres muy monas que se confiesan a los maricas. Todas visten de negro y sonríen. Como sólo hay dos maricas se pasan todo el rato yendo de mesa en mesa a recolectar las confesiones de la mujeres monas. Cuando se cruzan en mitad del bar, aleatoria y no lúbricamente, aprovechan para besarse.
Miguel habla con la camarera. La camarera le reconoce y le recuerda que hace diez años, una vez, hablaron. Esto es suficiente para que no tengamos que pagar las bebidas.
Miguel pide vino. Yo pido cerveza. Me ponen una Mahou de tercio con la etiqueta al bies.
-Jo –evalúo.
-Son falsas –me dice Miguel.
Miro a la camarera.
-¿Un vasito me pones, plis?
Nos sentamos a la mesa. Es la primera vez que estoy a solas con Miguel Beige. Le conocí en la presentación de su libro “Manuel, el caníbal”, acto al que fui invitado porque Miguel Beige leía con aprecio mis textos en Internet. La presentación fue un coñazo y bebí tres cervezas y estaba Constantino Bértolo y fue un coñazo.
Ahora hablamos de libros, de escritores, de editores, de lectores, de esa gente que calza las mesas con novelas breves, del dinero que nos debe ya la Historia, de las mujeres monas que se confían a maricas, de blogs.
4.
-Luego he quedado con mi novia –dice Miguel-. Si quieres venirte.
-Bueno, como veas. Yo encantado. Pero si os molesto, me voy, no problem.
-No, qué vas a molestar.
Salimos del bar de los dibujos animados y bajamos hasta la plaza del 2 de mayo. Las terrazas están llenas de gente. Los niños trazan elipses con sus bicicletas. Nos cruzamos con algunas personas y me descubro pensando: ¿No reconocen a Miguel Beige?
Nos sumamos a una mesa donde hay una mujer sentada. Es la novia de Miguel. Se la percibe barnizada por un tierno cansancio.
Nos presentan. Intercambiamos datos. Ella gira la cabeza hacia su derecha.
Luego se dirige a Manuel.
-Tengo que ducharla.
-Espera un poco. Tienes tiempo para tomarte un par de vinos.
Viene la camarera y pedimos: yo cerveza.
Al tiempo que las bebidas, pedalea hacia nosotros una niña. Tiene siete años y la mirada argentina.
-Hola, Marci –saluda Miguel.
-¡Hola! ¿Quién es tu amigo?
-Alberto –contesta Miguel.
-¡Hola, Alberto!
-Hola, Marci. ¿Qué tal estás?
-Estoy muy bien, muchas gracias, Alberto.
-Nos vamos a ir a casa, cariño –la novia (Eva).
-¿Ya? –Marci.
-Tengo que ducharte –Eva (la novia).
-Puedes tomarte aún un par de vinos... –Miguel.
Eva me mira:
-¿Quieres venirte a cenar a casa? Podéis estar aquí un rato... hablando de los bien que escribís... y luego cenamos viendo la película.
-Hemos alquilado “Grupo salvaje” –Miguel.
Eva, a su hija:
-¿Quieres que el amigo de Miguel venga con nosotros a casa?
-¡Sí!
Me mira la niña:
-¿Te gustan los gatos? Es que tenemos una gata muy mala y si no te gustan los gatos te va a saltar encima y te va a arañar...
-No tengo nada contra los gatos... –yo-. Si fuera un perro, todavía.
-Entonces puede venir –sentencia Marci.
5.
Eva se va con su hija. Le pregunto a Miguel dónde la conoció. Entonces me cuenta la Historia del Colegio Donde Todos Los Padres Son Escritores.
6. Historia apoteósica del colegio donde todo el APA escribe
Miguel: “Hay un colegio público en Madrid que no se rige por los designios del distrito donde vives, sino por las novelas que escribes. En ese colegio, todos los padres, y todas las madres, y la mayor parte de los abuelos, escriben. El colegio es completamente normal, tiene pizarras y tizas, tiene profesores aburridos y agredidos, y tiene un director que se deja la estufa de aire encendida toda la mañana en su despacho: lo normal. El caos literario, el auténtico esperpento paternofilial, acontece a la salida del colegio, cuando todos los escritores acuden a recoger a sus pequeños. Ahí vieras tú Planetas y Nadales, Primaveras, Bestsellers, Primerizos, Segundaediciones, Inéditos, Frustrados... todos con su novela en mecanoscrito en una mano y en la otra los dedos del hijo, aún tintados del Bic.”
Yo: Métete con Benet.
Miguel: “Los Benetianos, amigo Alberto, ponen a sus hijos en los columpios del patio de la escuela, y del empujón que les propinan, dan toda la vuelta al larguero del columpio, para acabar vomitando sobre sus compañeros. No te digo más.”
7.
Eva vive en una buhardilla blanca, con el vigamen de madera y las ventanas a la noche. Marci ya se duchó, y ahora corre por la casa como un animalito celoso.
Hemos comprado dos botellas de vino en un chino y sólo esperamos a que se acuesta la niña para descorcharlas.
-A dormir, Marci –Eva.
-Mira la gata –Marci a mí.
-Oh.
La gata es blanca y acaba de entrar por la ventana. Luego se pierde bajo la mesa y se queda quieta junto a un libro con Marilyn Monroe en la cubierta.
-Es crítica literaria –Miguel.
Eva lleva a Marci a la cama y luego pone un DVD. Grupo Salvaje, de Sam Pekinpack.
-Me han dicho que es muy buena –Eva.
-Sí, yo ya la he visto –yo.
-Yo no: pero me da mala espina –Miguel-: mirad esos zooms... Y esos mejicanos de pega... Y...
-¡Qué guapo es William Holden! –Eva.
-¿Has visto El crepúsculo de los dioses? –yo.
-Creo que sí, cuando era una niña.
-Esta película es hipnótica –Miguel. Segundo vaso de vino.
-Pues ahí estaba en su punto: aquí, qué viejo.
-¡Me encanta Ernst Bornigne! –Eva.
-¿Habéis leído a Haruki Murakami? –siempre yo.
-No –Eva.
-Japoneses sólo conozco a Kenzaburo Oé –Miguel-. Me maravilla el título ese de “Arrancad la semilla...
-..., fusilad a los niños”. Yo he leído “Una cuestión personal” y tampoco es para darle el Nobel...
-No, la verdad –Miguel.
-¿Has visto El imperio de los sentidos? –Eva.
-Es buenísima –yo.
-Porno del bueno –Miguel.
Al unísono, los tres miramos por primera vez en diez minutos la película “Grupo salvaje”.
-Pues Murakami –yo-, tiene una novela, creo que “Sputnik, mi amor”, en la que cuenta que a Ernst Bornigne, precisamente por esta película, le preguntó una periodista que por qué sacaban tanta sangre. Y el actor respondió: Porque cuando te disparan, sangras.
-Qué bueno –Eva.
-Esta película es hipnótica –Miguel. A Eva:- ¿Quién dices que te la recomendó?
-El del videoclub. Dijo que era una versión de “Los siete samuráis”.
-¡No! –yo, indignado-. Lo que es una versión de “Los siete samuráis” es “Los siete magníficos”, con Charles Bronson.
-Vaya bluff de película –Miguel.
-¿Has leído a Sade? –esto se supone que lo digo enlazando con “El imperio de los sentidos”, que a su vez tiene cierto link con “Los siete samuráis”, que no tiene ningún link con “Grupo salvaje”, que, según Miguel, es “hipnótica”.
-Me aburre –Miguel.
-“Filosofía del tocador” es muy bueno.
-Me aburre.
-El siglo XVIII es una maravilla. ¿Diderot?
-“El sobrino de Rameau”: genial.
-Es la que me falta. No está en mi biblioteca. Otra genial es “La monja”.
-¿Os gusta Saramago? –Eva.
-Habría que matarle –yo.
-Habría que meterle en esta película tan hipnótica –Miguel.
8.
-¿Qué estás leyendo ahora?
-“Verdes valles, colinas rojas” –yo.
-¿Y qué tal?
-Es buenísimo, es literatura 100%; y es moderno.
-Moderno.
-En serio: Ramiro Pinilla (Getxo, 1923) es el David Foster Wallace español.
9.
-¿Qué estás escribiendo ahora?
-Una novela sobre Luis María Anson –Miguel.
-No. Me. Jodas.
-Llevaba 100 páginas, pero me robaron el portátil en un autobús.
-¡A todos los autores famosos os roban el portátil, joder!
-La he tenido que rehacer.
-Supongo que te estarás inspirando en “Autobiografía del general Franco”, de Vázquez Montabán.
-No, más bien va en la línea de “Nacho Vidal, confesiones de una estrella del porno.”
-¿Sabes que las escenas más tórridas de Mar Flores en la película que hizo con Bardem se filmaron en el despacho de Anson en ABC?
-Eso constituye el primer capítulo de mi novela –Miguel.
10.
-Esta película es hipnótica.
11.
-No he visto que tengas ningún libro de Miguel en casa, Eva.
-¡Sí tengo! En el zulo.
-Lo llama el zulo –Miguel.
-Ven –Eva.
La novia de Miguel me lleva al zulo, una biblioteca minibabilónica, con pocos libros, y en realidad casi ninguno del Beige.
-¡No me jodas que tienes éste!
Saco un libro muy malo.
-No lo he leído.
-Me alegro.
Volvemos a la mesa. Miguel hace como que mira la película pero en realidad está mirando los botones de la tele.
-¿Cómo pueden publicar esto?
Dejo caer la novela sobre la mesa. Es gruesa. Abro a voleo y leo una frase.
-Uf –Miguel.
-No está tan mal... –Eva.
-¿Y esto? –leo un párrafo-. Esta novela me da ganas de ahorcarme. Es basura. Es papel manchado de mierda. Es un pedazo de estupidez puesto en venta.
Miguel se pone en pie.
-Tienes razón, joder –se lleva la mano a la espalda-. Apartad los dos.
Eva y yo nos ponemos de pie, damos un par de pasos atrás.
Miguel Beige le pega diez tiros al libro. Veo el papel hecho trizas, revolotear, arder, incluso, en el aire. La novela se ha partido en tres trozos, y sangra.
-Para que te calles –Miguel, soplando el ánima de su revólver.
12.
-Hostia, me voy a ir: la una –yo.
Miguel y Eva se ponen en pie.
-Me lo pasé en grande: muchas gracias.
-Nada: ésta es tu casa –Eva.
-De hecho, es tu casa, Eva –Miguel-. A mí nunca me has dicho que sea mi casa.
-Un beso, Alberto.
Me despido de Eva. Aprieto la mano de Miguel.
-El ascensor está en el piso de abajo –Miguel.
Cierran la puerta. Bajo uno a uno los escalones de la escalera. El ascensor tiene la puerta estrecha, de color azul. Aprieto el botón de llamada.
Cierro los ojos y sonrío.
Siempre soy feliz cuando algo viene a buscarme.
jo... y yo, en China...
Te quejarás...
"Arrancad la semilla... fusilad a los niños"
Me gusta el título.
No te gusta Saramago. Sólo leí "Ensayo sobre la ceguera" y me gustó.. tampoco te gusta Loriga. ("Tokio ya no nos quiere" me gustó mucho)
De todas formas, sigo sin cansarme de leerte.
Un saludo
Sí me gusta Ray Loriga.
No sé cuántas veces tengo que decirlo.
Saludos!
ehmm.. vaya. Pues disculpa.
Es que desde hace tiempo di por hecho que tú eras /lector_malherido y a él me pareció entenderle que le parecía un escritor sobrevalorado.
En fin.. tampoco tiene importancia.
Lector malherido no tiene ni idea de lo que dice!!
¿Pinilla el David Foster Wallace español?
hmmm, interesante, tendré que leerlo.
Ray Loriga es grande.
Vaaaamos, ¿Loriga grande? Como mucho por tirarse a la Rosenvinge...
por tirarse a la Rosenvinge también, nos ha jodío
Si buscamos en la red afinidades aquí puedo encontrar unas cuantas.
Se podría intercalar alguna escena de un Saramago hierático frente a la ametralladora de William Holden a ver si hay suerte.
Un saludo.
Cuando estuve en madrid los locales y garitos modernos ya infestaban el centro de la ciudad.
Sólo queda el consuelo extraño, de vivir en barcelona y saber que esto está aún peor.
Me gustaría leer tu novela, pero parece que no quieres dar pistas por aqui del título.
n.
Realmente no es usted Poirot.
Déjame tu mail y te lo digo.
(Aparte de que le queda poca vida virgen a este blog...)
eeeeh! yo también quiero leer tu libro, lo venderán acá en las americas? si no, lo mando pedir..
mcchavira@hotmail.com
vete ahorrando, amor.
Realmente no, parece :)
mi mail es pajarobarbudo@hotmail.com
ahorraré