1.
No dejan de pasar chicas muy guapas camino del baño. La que más me ha gustado es una que llevaba el pelo muy corto. Era morena, alta, vestía vaqueros y un jersey de cuello de cisne. Caminaba hacia el servicio con las manos en los bolsillos. Al cabo de un rato, volvió: seguía caminando con las manos en los bolsillos, muy despacio, elegantemente entregada a ese recorrido de imperativo fisiológico. Su rostro, en la ida, en la vuelta, respiraba paz, una relajación casi sicotrópica.
Me ha parecido encantadora la muchacha.
Resulta triste pensar que, en el cuarto de baño, haya tenido que sacarse las manos de los bolsillos.
2.
Andrés me habla de Buenos Aires. Hemos pedido cervezas y pronto sonará su móvil. La novia vendrá, con una amiga.
Buenos Aires, por lo que se ve, es grande, tiene Bancos y muchos chinos. Buenos Aires, entiendo, es una ciudad a la que hay que ir en cuanto hayas cumplido con Nueva York. Los que no hemos estado en Nueva York lo tenemos muy difícil para ir a otras ciudades necesarias. Primero, Nueva York; luego, Buenos Aires. Como yo nunca voy a ir a Nueva York, le estoy cogiendo un poco de asco a Buenos Aires.
3.
La novia es argentina; la amiga, uruguaya. La novia se sienta junto a Andrés, se besan; la uruguaya se pone a mi lado. Pedimos más de beber y de comer.
La uruguaya estudia diseño de vestuario. Tiene exámenes pronto y ha de entregar su bocetos. Son dibujos de trajes, todos para una ópera. De Donizetti.
-¿Sabes quién es Donizetti? –Andrés.
-No sé nada de ópera.
-Como yo. Las chicas saben muchísimo. Te van a sorprender.
La novia sonríe. La uruguaya sí sabe.
-Me ha encantado –explica la novia-, la historia es tan romántica. ¿Queréis que os la cuente, así, en pocas palabras?
-Por favor –yo.
La novia nos cuenta el argumento de una ópera en concreto de Donizetti. La historia es más o menos así: como Romeo y Julieta.
-Jo –yo.
-¡Pero di algo más, Marta!
Marta extiende la sinopsis. A ver: están los enamorados, que no pueden follar porque él es el asesino del hermano de ella. Algo así. Entonces su amor es imposible. Entonces él se va a la guerra. Se escriben cartas. Pero el hermano (supongamos que uno vivo) de ella intercepta las misivas, y las manipula. Entonces ella cree que él ya no la quiere, y acepta el matrimonio de conveniencia que le propone su hermano. Justo el día de la boda, la hora de la boda, el momento climático del connubio, llega él. Pero tarde. Ella es ya mujer casada.
-Todo se ha consumado –Andrés.
-Qué va –la novia; la uruguaya no dice nada.
-Se han casado, ¿no?
-Sí, pero no se ha... “consumado”.
-Ah, vale.
Sigue la sinopsis. Que no han follado, vamos. Y que la noche de bodas, ella se escapa del lecho nupcial bañada en sangre. “Parece que puede ser la virginidad, que ella ha perdido la virginidad”, Marta, “pero no: es que ha matado a su marido”. Fin.
-Me ha parecido una historia preciosa –Marta.
-Es una maravilla –la uruguaya, por fin-, una historia de amor loco, apasionado. ¿No creéis?
-Sí –Andrés.
-... –yo.
4.
Diez minutos después, sigo dándole vueltas a la historia romántica. A veces digo cosas que ya sé yo que me van a dejar como un imbécil. Este es el caso.
-Perdonad –comienzo-, pero, no es por nada, vamos, la ópera seguro que está muy bien y todo eso, sólo que... me gustaría comentar un aspecto que me llama la atención.
Me escuchan.
-Bien. No entiendo que os guste la historia. No entiendo que os la creáis. Estoy harto de esas historias de amor loco. Porque no existen. Te hablan de dos personas que se desean y se aman, que superan determinadas circunstancias para estar juntos y que al final lo consiguen. Y ahí acaba la historia. Pues no, joder, que siga. Me dan por el culo todas esas películas que dan por hecho que los personajes van a ser felices ahora que están juntos. No, joder, ahora que están juntos es cuando van a ser infelices, cuando todo se va ir a la mierda. ¿O no? No entiendo cómo vemos esas gilipolleces románticas y nos quedamos diciendo: jo, qué bonito, qué bello, qué emotivo. Si no es cierto. No es real. No es así.
-Que no sea real no significa que sea malo –Marta-, si no, La guerra de las galaxias no podría gustarte: no es real.
-Más que real, lo que quiero decir es que resulta demasiado simple: se quieren, oh, y cuando están juntos todo es perfecto. Una memez. Pensad en vosotras mismas, en las personas que conocéis: nos enamoramos cada día de alguien, olvidamos sin pudor, no quedan ni las putas fotos porque las perdemos: ¡ni siquiera hay que molestarse en romperlas!
-... –en general.
-El amor es una ficción. Nada más. Lo que venden estos argumentos patéticos es que el amor es una persona, tu persona personal, jeje, algo así, que ella es el amor, cuando en realidad el amor está en ti y lo vas generando según te conviene, con uno, con otro, con una, con otra. Esa es la realidad. Si tú y Andrés lo dejáis, enseguida conoceréis a otra persona y volveréis a estar enamorados como nunca.
Esto ha sentado realmente mal.
-No, no es así –Marta.
-Tienes que ponerte en la época, en la situación aquella, en cómo estaban las mujeres en el medievo... –la uruguaya.
-Estaban como ahora. Hablaban como ahora... Pero eso da igual, la idea es: ¿por qué nos creemos esas gilipolleces?
-A ver –Marta-, dime una película romántica que te parezca real.
-“Antes del amanecer”.
Marta se echa para atrás en su asiento:
-¡Es una mierda!
-¡Por favor! –la uruguaya-, ¡es espantosa, un horror! No hay quiebre de guión, no hay actuación...
-¿Cuál es Antes del amanecer? –Andrés.
-Te la bajaste de Internet –Marta-, ¿no te acuerdas?
-Sale Ethan Hawke y esa actriz tan divina que es July Delpi –yo.
-Ah, pero aún no la vi. A ver, a ver: argumentad, por favor –Andrés está entrañablemente moderante.
-¿No os gusta Antes del amanecer? –yo, incrédulo-. No me refiero a la segunda parte, “Antes del anochecer”...
-No me gusta ninguna de las dos –Marta.
-Ni a mí –la uruguaya.
-¿Por qué?
-¡Porque no follan! –la uruguaya.
-Claro que no follan. Por eso es real... Bueno, voy a explicarle a Andrés el argumento... A ver: dos personas se conocen en un tren, han sentido una cierta conexión entre ellos y deciden pasearse por Viena antes de seguir sus respectivos destinos. Hablan, se conocen, se intuyen... y eso es la película. Me parece deliciosa, sutil, y compleja –miro a la uruguaya-. Follar no es tan fácil como te conozco, me gustas y follamos.
-¿Que no? Aquí en Madrid hay un bar en el que van y follan en los baños.
-Dime el nombre del bar –yo.
5.
Seguimos hablando de películas románticas. Todos estamos de acuerdo en “Casablanca”, un poco en “Amelie”, bastante en “Cuando Harry encontró a Sally”. La uruguaya nombra tres películas francesas consecutivas de las que no me suena ni el título.
-¡Yo creía que tú sabías mucho de cine! –Andrés.
-Ya ves –yo, dolidísimo.
-¿Y alguna película que os haya hecho llorar? –Marta.
Todos empiezan a nombrar películas que les han hecho llorar.
-Ahora, tú –me dice Andrés-, ¿qué película te ha hecho llorar?
Estoy en blanco.
-¿No has llorado nunca en una película?
-Bueno, llorar, lo que se dice llorar: me emociono, no me pongo a berrear.
-¿Con cuál te has emocionado? A ver. No nos digas que te has emocionado en general... dinos con cuál.
Parece una puta prueba de humanidad.
-Estamos esperando –la uruguaya, claramente en mi contra.
-Ufff... vale. Lo voy a pensar.
Lo pienso. Me acuerdo de una. Jo.
-“En el nombre del padre”.
-¡Qué bonita! –Marta- Qué gran actor...
-Daniel Day Lewis, sí... Me encanta cuando muere el padre, y los presos tiran papeles encedidos por la ventana. Siempre que la veo me emociona.
-El padre también es un actor genial... No recuerdo el nombre.
-Ni yo. Sale en “Sospechosos habituales”. Es el abogado de Kevin Spacey... Da igual.
Angélico silencio cinemático.
-¿Y El apartamento? –yo- ¡Yo me emociono con El apartamento, joder!
6.
Ahora estamos hablando de libros que nos han hecho llorar. Reconozco que la cuestación me supera.
-¿No te ha hecho llorar ningún libro?
-Los libros no hacen llorar. No es como el cine. No tienen su intensidad, su continuidad –esto es una teoría de circunstancias: ¡no me la tengan en cuenta!
Andrés habla de las novelas que le han hecho llorar. Son muchas. La biblioteca de Andrés debe de dar mucho asco. Por los lagrimones en las páginas, sobre todo.
-Voy al baño, disculpadme.
Levanto a la uruguaya para salir.
-Oye –le digo-, me tienes que decir el nombre de ese bar...
Ella ni me mira. Se vuelve a sentar y escucha lo que dice Andrés.
Me dirijo al baño. Está al fondo del local. En una puerta pone “Chicas” y en otra pone “Chicos”.
Como siempre.
Totalmente de acuerdo con tu "personaje": los libros no hacen llorar, y mi opinión no es circunstancial, es absoluta.
Leer sobre Africa, por ejemplo, no es tan potente como ver imágenes de Africa y su gente. A mi El jardinero fiel me hace un nudo en las entrañas.
A mi tambien me parece que Before Sunrise y Before Sunset son buenas peliculas, y si no recuerdo mal, en Before Sunrise si llegan a follar, en un parque.
no sé si es en antes de que amanezca o de que anochezca pero en alguna de ellas hay una escena en que se hacen una foto mental (o algo así, no recuerdo como la llamaban los pánfilos). me pareció cursi y boba hasta el vómito. los protagonistas tienen el sexy y la gracia de un huevo duro. sin sal.
hola hikikomori, feliz año
Yo llevo toda la vida comiendo huevos duros sin sal y no tengo problemas de tensión ni nada. Parad ya con las comparaciones o me corto las venas.
Hola hikikomori!
Me hizo reir bastante lo del nombre del bar...
Una pregunta>>>> ¿Se podra conseguir el libro de trenes hacia Tokio en México?
Saludos!
P.D: ¡Que viva la X!